La enfermedad de Lyme en perros

por | 3 junio, 2016

Aunque la enfermedad de Lyme es considerada como rara, recientemente se ha convertido en muy conocida por el gran público. Algunas celebridades que la han padecido, como la cantante e ídolo adolescente Avril Lavinge, los actores Alec Baldwin y Richard Gere o la cantante mexicana Thalia, han explicado a diferentes medios el infierno de pasar por este horrible mal. Sin embargo, lo que aún se desconoce es que también las mascotas pueden verse afectadas por este problema. Esta semana, desde el blog de Piensos Plus hablaremos de cómo afecta esta temible enfermedad a los animales.

La enfermedad de Lyme en perros

La enfermedad de Lyme en perros

El Lyme puede contraerse por la picadura de una sola garrapata. Se calcula que entre el uno y el diez por ciento de estos insectos son portadores de la temible bacteria que provoca la enfermedad: la Borrellia Bugdorfei.

En España, las zonas ‘calientes’ en las que pueden producirse contagios se encuentran, sobre todo, en el norte del país, así como zonas montañosas del sur, ya que las poblaciones del insecto, así como la supervivencia de estas bacterias está ligada a la humedad del ambiente. Sucede lo contrario con la Leishmaniasis, de la que hablamos en anteriores entradas del blog de Piensos Plus, que por estar ligada a la picadura de determinado mosquito, es más frecuente en el sur del país.

Como ocurre con multitud de enfermedades que los perros adquieren por la picadura de parásitos, su frecuencia se multiplica exponencialmente en aquellas mascotas que pasan mucho tiempo al aire libre, especialmente cuando el animal duerme fuera de casa en áreas donde encontramos hierba. La humedad, así como los arbustos o lugares donde existen animales como ratones o ciervos son más proclives a la aparición de garrapatas.

 

Síntomas

Uno de los síntomas tempranos de este mal en perros es la inflamación de las articulaciones, que puede manifestarse como una cojera que viene y va. Además, también puede manifestar más cansancio, dolor físico y rigidez. Por otro lado, los ganglios linfáticos pueden comenzar a inflamarse y la respiración volverse más dificultosa. Por otra parte, pueden producirse alteraciones del apetito, pero también renales e incluso carditis.

 

Diagnóstico y tratamiento

En el caso de que el veterinario sospeche  de este problema, un análisis de sangre y orina puede poner al descubierto el Lyme. Es importante hacer saber al veterinario cuestiones como si el animal ha estado en un área con garrapatas durante los últimos días o meses, especialmente si el animal vive habitualmente en una zona seca o calurosa donde sean poco frecuentes. Por otra parte, si al encontrar una garrapata en nuestro perro, ésta se guarda, el veterinario podría realizar algunas pruebas extra.

Su tratamiento clásico es la aplicación de antibiótico, que variará en función de la gravedad del caso, así como del tiempo que el animal lleve padeciendo el Lyme. En casos en los que el daño renal producido esté muy extendido, puede hacerse necesario un tratamiento más agresivo.

 

Prevención

Como en la mayoría de problemas de salud en mascotas, la prevención no sólo es más eficaz que el tratamiento, sino que ahorra multitud de quebraderos de cabeza.

La medida fundamental es utilizar un método que mantenga a raya a los parásitos que actúan como vectores para diversas enfermedades. Para ello, uno de los sistemas más punteros –el collar antiparasitario de última generación- permite no sólo evitar las enfermedades transmitidas por pulgas, mosquitos o garrapatas, sino hacerlo –además- durante varios meses.

Es también importante tratar de evitar zonas o áreas que puedan ser el hábitat perfecto de las garrapatas. De no poder evitar este tipo de lugares, lo  mejor es revisar concienzudamente el pelaje del animal para encontrar posibles parásitos. En caso de encontrarnos con una garrapata asida al animal, lo mejor es acudir a la consulta del veterinario de inmediato.

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